Retorno al pasado
Emiliano Martínez Arriba (ex de MURGUIA de 1949 a 1957) · Pozuelo de Alarcón · Julio 2006
Relatos · Cartas desde mi retiro
Llevábamos ya dos años Conrado Díez, mi condiscípulo en los cinco años de Apostólica en Murguía, y yo pensando hacer un pequeño recorrido por los caminos vicencianos que habíamos vivido cincuenta y tantos años ha, y cuando no por fas era por nefas no encontrábamos momento para realizar nuestro proyecto. Hasta que de súbito decidimos que, salvo fuerza muy mayor, en este mes de Junio y exactamente entre los días 14 y 17 cumpliríamos nuestro plan. Un par de meses antes se unió a nuestra idea nuestro condiscípulo y amigo Pepe Cordón, que, aunque venía de Andujar, había estado con nosotros desde el primer momento en el Noviciado de Limpias, y tiene una fuerte relación con Murguía, ya que estuvo de profesor-estudiante al terminar la Filosofía en esta Apostólica.
Y con el espíritu dispuesto a revivir el pasado, tres niños de entre diez y quince años, embutidos en cuerpos de cerca de setenta, emprendimos a lomos de un Hyundai Galloper Innovation el camino para encontrarnos con los lugares y los recuerdos de nuestro pasado vicenciano.
TARDAJOS
Nuestra primera parada fue en Tardajos. Yo estaba por primera vez en esta localidad, pero hablando con unos vecinos del pueblo, mas o menos de nuestra quinta, pude sentir el ambiente Paúl que se respira en este pueblo. No transmite lo mismo el antiguo colegio-apostólica que ha pasado a ser la Residencia Maria Mediadora para la 3ª edad. Allí tuvimos nuestro primer desencanto, ya que en la Residencia, aunque hay algunas habitaciones reservadas para los Paúles que vengan a pasar alguna temporada, no existe estructura de Comunidad, o eso nos dijeron cuando preguntamos sobre la posibilidad de visitar las antiguas instalaciones. Todo es nuevo, ni siquiera la Capilla se mantiene como era. Únicamente la estatua de Maria Mediadora que corona la Capilla sigue allí por la dificultad que entrañaba su desmontaje y traslado (así se nos dijo). Con nuestro ánimo un poco por los suelos nos paramos a comer en el bar Ruiz, por cierto una comida excelente y a un precio bastante módico, y a la hora del café recobramos algo de nuestra euforia viendo a la selección española de fútbol endilgarle cuatro roscos a los ucranianos, ¡para lo que nos ha valido después...!
MURGUIA
Entre las cinco y las seis de la tarde nos recibió el verdor del entorno de Murguía, y una vez ubicados en nuestro hotel, salimos a recorrer el pueblo y recordar. Cerca del colegio nos encontramos con el Padre Juan Ibáñez, a quien abordamos sin más. Aunque era de un curso cinco años anterior a nuestro tiempo, y a pesar de encontrarse bastante delicado de salud, se paró a charlar amablemente con nosotros y nos informó sobre la situación actual del colegio, así como de los proyectos inmediatos. Está en proyecto y para eso se están haciendo las reformas necesarias, convertir el colegio del Sagrado Corazón en un colegio de ESO que dé cobertura escolar a toda la comarca, no solo de Zuia, sino también a otras dos o tres adyacentes. Después de mas de una hora de charla y debido al cansancio por su estado de salud, el P. Ibáñez se despidió de nosotros y nos emplazó para el día siguiente en que él y/o algún otro Padre de la Comunidad nos acompañaría a visitar la Apostólica. El día 15 estábamos puntuales a las nueve y media de la mañana para asistir a la celebración de la Eucaristía en la capilla. El entrar al cabo de tantos años en aquella capilla que había sido nuestro lugar de oración de niños durante cinco años me dio una punzada en el estómago y se me erizó el vello de los brazos. Allí estaba el mismo retablo de hace cincuenta años, los mismos bancos con los mismos nombres grabados a navajilla, las mismas puerta de la sacristía, solo faltaban las tres lámparas-arañas colgadas del techo,a una de las cuales, la más lejana al altar, se le había roto el cable de sujeción y había caído con estrépito una mañana, afortunadamente en un momento en que la Capilla estaba vacía. El celebrante resultó ser el Padre Francisco Mauleón, un par de años más joven que nosotros. Al salir de la sacristía al altar bajó del presbiterio y nos saludó efusivamente. Hacía tiempo que yo no había encontrado tanta amabilidad y tan buen recibimiento por parte de nuestros hermanos del interior.
Después de la Misa nos juntamos en la sacristía con el P. Mauleón y con el P. Ibáñez y nos vino también a saludar el Padre Luis Ircio, que aunque esta destinado en Tenerife se encontraba de vacaciones en Murguía, cerca de su casa, ya que él es de Sarria. El P. Ircio nos acompañó por todo el edificio, aun por las zonas de obras, enseñándonos todas las habitaciones nuevas para poder atender la estancia de los profesores y asistentes a los cursos de verano que organiza FEYDA, pero sobre todo nuestro interés estaba en visitar la parte de nuestras vivencias que estuviera menos reformada, y algo había. Allí estaba nuestro primer salón de estudios con algunos cambios pero casi igual, el cuarto de las columnas vacío que servía de cuarto de recreo cuando las condiciones exteriores de lluvia y nieve no permitían permanecer fuera, el cuarto grande de estudios, en parte ya troceado en habitaciones más pequeñas, el comedor que estaba en proceso de transformación de suelo, paredes y techo. Subimos a los dormitorios y solamente faltaban nuestras camas que habían sido sustituidas por catres, por lo demás casi se podían oír los susurros de las conversaciones de cama a cama que se entablaban entre los mas amigos después de que se había apagado la luz y dado la orden de silencio. En el exterior, la gran extensión de huerta, donde en mas de una ocasión, dirigidos por Rafa, el hombre de la boina, habíamos sembrado y recogido patatas, se había poblado de chales de reciente construcción. La tejavana, que salía de la mitad del edificio y separaba el campo de fútbol de los pequeños del campo de fútbol grande, ha desaparecido. Los dos frontones, el de pelota mano y el grande de pelota pala, no están. Hay un solo campo de fútbol de hierba. Lo que no ha desaparecido, y me llenó el alma de contento el poder verlo y caminarlo, es el bosque de hayas, con su verdor y umbría, ideal para los paseos meditativos en solitario.
Después del recorrido por nuestra apostólica, el P. Luis Ircio nos acompañó a visitar el Santuario de Nuestra Señora de Oro, visita obligada, ya que durante unos cuantos años la Virgen de Oro había presidido desde lo alto nuestras peripecias de muchachos y adolescentes. Y, por último, dedicamos el resto del día a recorrer los pueblos que componen la cuadrilla de Zuia y que, habíamos pateado en el pasado en nuestros paseos de los jueves y domingos. Los Jugo, Domaiquia, Guillerna, Luquiano, Aperregui, Zárate, siguen casi igual que cuando los dejamos hace cincuenta años. Únicamente los más cercanos a Murguía: Sarriá, Amézaga y Vitoriano han cambiado un poco mas y se han revestido de nuevas construcciones, principalmente para fines de semana y veraneo, dada su proximidad a la autopista y, en consecuencia su mejora en las comunicaciones. Fuera del valle nos acercamos a ver Gujuli y su hermosa cascada, Belunza y en un despiste del conductor llegamos hasta a Orduña.
Emiliano Martínez, Conrado Diez y José Cordón delante del Colegio de Limpias
El siguiente punto de parada y recuerdo fue Limpias. El antiguo Noviciado esta dedicado a la enseñanza, y en el se imparten cursos desde infantil, primaria y ESO en régimen de colegio privado-concertado. Fuimos recibidos por el P. Ángel Pereda, superior de la comunidad. Cuando llegamos se estaba celebrando la entrega de premios de fin de curso a los alumnos de los diferentes cursos en el Salón de Actos. A pesar de ser un día difícil para dedicarnos mucho tiempo, el P. Pereda nos atendió con gran amabilidad y nos acompañó a visitar todo el edificio, tanto lo nuevo como lo antiguo. En Limpias se han realizado importantes cambios, considerando el diferente uso del Colegio de cuando estuvimos nosotros a ahora. No obstante, aun pudimos ver casi como en nuestros tiempos alguno de los dormitorios y poco más. Pero aun con los cambios, aun encontramos nuestro espíritu entre aquellas paredes. Era obligada la visita al Santuario de la Virgen Bien Aparecida, pues nosotros fuimos parte integrante de los actos de la solemne Coronación de la imagen de la Virgen que celebró Monseñor Irino y Trecu, obispo de Santander, el 29 de Mayo de 1956.
Limpias. Equipos de basket con sotanela. 1º contra 2º. Año 1955.
Los de 1º de rodillas de izquierda a derecha: Javier Irurtia, Carlos Matesanz, Rosendo Palacios, Emiliano Martínez y José Ignacio Hermoso de Mendoza.
De pie los de 2º y en medio el P. Dativo, ¡ah! Y el árbitro, de Andujar, por cierto.
Una muy agradable sorpresa, en todos los centros, fue el conocimiento que todos ellos tenían, no sólo de la existencia, sino también de la actividad y del Boletín del Grupo YUCA. El P. Ibáñez se nos declaró lector habitual del Boletín, y el P. Pereda conoce y nos nombró a Félix Velasco y a Efrén Abad, como un perfecto conocedor de sus andanzas. Todos ellos nos manifestaron sus mejores deseos para el futuro de YUCA y sus participantes.
Y después de tres días en que tres niños esperanzados se habían sumergido en su pasado con ánimo de volver a vivir una ilusión, han emergido camino de su realidad tres hombres satisfechos, porque el recuerdo de sus vivencias ha sido mas positivo que negativo, y además se ha visto envuelto en un entorno que ha transformado el viaje de agradable en agradabilísimo.
Sirva estas últimas líneas para agradecer a los PP. Juan Ibáñez, Francisco Mauleón y Luis Ircio de Murguía y al P. Ángel Pereda de Limpias por el exquisito trato que nos han dispensado y por su amabilidad y demostración de amistad a nuestras personas y al Grupo YUCA.