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Emiliano Martínez Arriba mtnez arriba

Hasta pronto amigo

José Cordón López · Madrid · Enero 2008

Relatos · Pensamientos

A EMILIANO MARTÍNEZ QUE AMÓ EL MUNDO VICENCIANO

"Pepe, se nos ha ido". Fueron las palabras que oí el pasado día 13 de diciembre, a las 11 horas, al descolgar el teléfono. Era Mar, la mujer de Emiliano. Yo, estaba en Granada, para pasar las Navidades con mis hijos. Cuando escuché su voz sentí lo que me iba a decir y medio siglo de amistad tomó vida en mí, envolviéndome como una bóveda de recuerdos. Y se me nublaron los ojos, la voz se me quebraba y tuve que hacer un esfuerzo para mantenerme sereno, porque al otro lado del teléfono estaba una mujer que amaba profundamente a su marido, al que había estado unida durante 27 años y los últimos cinco, con entereza, en el dolor y que en este momento su voz estaba, no rasgada, sino destrozada por el dolor. Es la misma frase que oí hace 21 años. Estaba destinado en Sanlúcar de Barrameda. Sonó el teléfono del despacho. Era Raquel, la hija de Emi, que me comunicaba la muerte de su madre: "Pepe, se nos ha ido". Y también se me nublaron los ojos. Normal, el llanto por el ser querido tiene una raíz metafísicamente humana y, por lo tanto, una belleza religiosa. Cristo lloró cuando conoció la muerte de Lázaro y después lo resucitó. Prescindiendo de la realidad o no del hecho histórico, hay una verdad, que amó como humano y resucitó como Dios. Por eso me alegro, porque Emi está, ya, en la eterna felicidad de Dios, sin embargo doy entrada en mi espíritu a la triste nostalgia de no volver a verlo en la tierra, enriqueciendo con él mis recuerdos, siempre añorantes de mis seres queridos.

I.- AMISTAD
Cuando terminé de hablar con Mar, mi primer acto fue dirigirme a la fotografía de mi mujer y decirle: "Cariño, ya está contigo nuestro Emi". Él siempre ha sido parte de mi vida. Nuestra amistad se inició hace 53 años en Limpias y ha ido madurando con el tiempo. Compartimos nuestra ilusión sacerdotal, después, mientras luchábamos por nuestro futuro profesional, vivimos juntos. Cuando iniciamos nuestra propia vida, mantuvimos, en el devenir de ella, una unión afectiva en nuestras inquietudes profesionales y en las alegrías y tristezas de nuestra vida familiar y personal. Los dos, durante muchos años, por razones diferentes, desplazamos a Dios de nuestra existencia y después volvimos a encontrarnos con El, viviendo en los últimos años una comunicación fluida de nuestra experiencia de Fe.

Cuando comuniqué a Félix la muerte de Emi, prometí enviarle un escrito sobre él para el próximo boletín. Rompiendo mi sistema habitual me he puesto en el ordenador sin un esquema previo. Quizás porque cuando piensas desde el sentimiento debes dejar a éste que hable. Este sentimiento me impulsa a convertir todas las reflexiones que quiero expresar en un cántico a la amistad, de la que él fue un enamorado y de la que poseía su esencia: tener afectos, querer. Entendía el ser de marido y de padre como la lucha por la familia, pero no como deber sino como una consecuencia del amor, que es como una amistad sublimada por el espíritu familiar. Procuraba vivir con su familia, a tope: el hogar, los viajes y todo lo que la vida pone a nuestra disposición. Pero su espíritu afectivo se expandía a los seres con los que había contactado en su vida: El colegio de Santa Marta, donde le recogieron las Hermanas de la Caridad, cuado a los cuatro años se quedó huérfano. Con algunas de ellas seguía teniendo contacto. Amaba mucho a Santa Marta como a todo lo que había vivido. Su vida no ha sido fácil, incluso con momentos realmente dramáticos. Pero él miraba el pasado en positivo. Como si la secuencia de hechos que estructuran cada historia humana, hubieran formado para él un parque de atracciones en el que, con frecuencia, se sumergía para disfrutar del espectáculo de su vida pasada, con personajes incluidos. En sus vivencias tenía un lugar destacado el mundo vicenciano. En las conversaciones durante nuestra larga amistad por la que doy gracias a Dios- era muy frecuente pasear juntos, con afecto, por los recuerdo de hechos y personas de nuestra estancia en la apostólica, Limpias, Hortaleza. Navegaba con velamen de colores por la página Web de la Congregación de la Misión. Cuando contactó con YUCA me llamó ilusionado y, juntos, nos unimos al grupo. Sé que por sus escritos en el Boletín ganó amigos que no lo conocían físicamente. En nombre de ellos y de paules que lo conocimos quisiera hacer un brindis de amistad en el recuerdo.

II.- RETRATO EN ABSTRACTO
Me agrada leer biografías, pero creo que nunca se adecuan al retrato vivo de la complejidad de un ser humano. Las considero como una introspección subjetiva en las estructuras parciales de una persona. Por eso al sumergirme en mis recuerdos sobre la vida de Emi parto de una realidad y de un objetivo.

La realidad es que mi percepción sobre él es totalmente subjetiva pues el sentimiento es más fuerte que una posible imparcialidad. Cuando contemplas a un ser querido en el pasado no ves defectos, no porque no los haya sino porque son como poliedros irisados que el afecto ha usado al tiempo para borrar sus aristas y sus colores duros.

Mi objetivo es trazar unas breves pinceladas sobre el inmenso lienzo de medio siglo de amistad, que refleje esa imagen que nos queda perenne de un ser querido que se nos ha ido y que es, para nosotros, como su esencia. Sobre ese fondo se suceden una serie de escenas, alegres, tristes, intensas, dramáticas. La primera sería la de un niño de cuatro años con una maleta vieja entrando en el Colegio de Santa Marta. Después Murguía, Limpias, Hortaleza, Villaverde Bajo con sus tíos, el Servicio Militar, su incorporación a Estándar, sus dos matrimonios con dos grandes mujeres, sus hijos: Raquel Estaba allí al nacer. Cuando me avisó Emi que Consuelo iba a la clínica llegué antes que ellos-, David, Ricardo, Mar, su hogar en Arguelles, Aluche, Pozuelo, Tossa del mar, el camping, Almería, los nietos. Pero lo que en mí queda como imagen esencial son tres rasgos que le acompañaron en sus casi 69 años de vida:

Su afectividad aparentemente espartana. Era cerebral y gracias a ello, por sí mismo, dominó las circunstancias duras con que entró en la vida creando para los suyos un mundo confortable. Pero era un cerebro hermanado con el corazón, lo que hizo de él un hombre que daba amistad y que muchos hemos procurado devolverle.

Su idealismo realista. Amó intensamente la vida hasta el último momento. Y esto no es fácil. Todos tenemos el instinto de supervivencia pero muchos no aman la vida sino trozos parciales de ella, generalmente de carácter animal. Para amar la vida hay que ser idealista, creer que la esencia del hombre trasciende el momento presente, marginando la idolización de la materia y la sumisión a una razón que solo acepta el material que le proporciona los sentidos. Emiliano creía en los valores intangibles que partiendo de la imaginación o de alguna cualidad más profunda de nuestro ser llenan de paz y de ilusión nuestra vida. Siempre proyectaba con optimismo el futuro en los momentos difíciles, pero sin obviar la realidad presente. Se enfrentaba ante cada situación de la vida, fácil o difícil, con fría entereza, sin perder la esperanza de un mejor mañana.

Liderazgo. Lógico con su personalidad independiente. Fiel a su concepción de la vida no aceptaba presiones ni demagogias devaluadas. Esto infunde respeto y del respeto conviertes en tu líder a la persona que admiras. Muchos consideran el liderazgo como el mando social o político, que generalmente no es otra cosa que ser inteligente marioneta del un partido que es el que realmente dirige. En mi concepción de líder él lo era en su familia (amor y entrega), en sus relaciones (fiel a la auténtica amistad), en su trabajo (eficacia y decisión).

III.- ¿EVOLUCION CRISTIANA?
Al hablar de una persona como Emi, de una vida intensa, muchas veces no convencional, con sombras y luces profundas, vida casi anovelada, se le busca una evolución ideológica, lo que llega a errores crasos. El concepto evolución es de los más prostituidos que hay. Se confunde la evolución personal con la de la cuenta corriente (piénsese en muchos políticos, en arribistas con los que hemos trabajado...). Se convierte la evolución en un inmovilismo de fidelidad a un sentido carroñero de la vida para coger en cada momento lo que más interesa prescindiendo de personas, valores e idearios.

Emiliano era un hombre cuyas ideas básicas eran firmes y así lo manifestaba. Si circunstancial o temporalmente -como ocurrió en una época de su vida en el terreno religioso, de lo que recordaré después- no era fiel a alguna de ellas, la dejaba como aparcada, pero nunca buscaba pretextos para justificar su conducta, simplemente reconocía que la debilidad humana había ganado una partida. Recuerdo, con cariño, la entrega a sus "pequeñajos", lo que podía parecer una evolución de la persona cerebral a la de un abuelo y bisabuelo que ejercía como tal. Pero no es eso, es más sencillo, simplemente un hombre fraguado con dureza en la vida, que en los últimos años, con una enfermedad que le iba mordiendo, con dolor la existencia, deja que su sensibilidad de siempre se rompa en amor tierno a sus nietos. Sí fue cambiando racionalmente en lo contingente. Progresó en los avances tecnológicos de nuestro tiempo, pero se reía o despreciaba los "progresismos" llenos de vacío y de estulticia.

En su ser cristiano le ocurrió como en otras vivencias; simplemente dejó su Fe hibernada durante unos años, Fue cierto tiempo después de salir de Hortaleza. No tiene sentido, en este momento, analizar las causas, aunque nunca fueron una "evolución racional" basada en un devenir de análisis sobre la propia identidad religiosa. Yo diría que él era así. No se dejaba encasillar en los variados y, a veces, numerados moldes en los que los ideólogos que viven de la sociedad nos quieren encasillar a los humanos. Un día dejó que su espíritu volviera a oír la palabra de Dios, esa que continuamente nos golpea. Y se entregó con la firmeza con que vivía sus principios a su nuevo cristianismo, que era el mismo que dejó hace años. Emi era inteligente, de convicciones propias y no inducidas y por eso su Fe era sencilla y firme, sin dejarse influenciar sobre corrientes que confunden la esencia de las verdades creídas con las formas accidentales adaptables a los tiempos. Hemos hablado él y yo muchas veces de nuestra conversión a Cristo -siempre en marcha aunque él ya la ha terminado- y envidiaba su clara seguridad en la Fe que recibimos en el Bautismo y que enriquecimos en el Seminario, prescindiendo de la estructura de aque época, hoy superada en muchos aspectos. Tenía dos amores en su vida cristiana que vivía profundamente: María, su Madre y la Eucaristía. Un día me decía que no comprendía como después de recibir a Cristo en la Comunión, se podía volver a pecar. Hace cerca de dos años estuvimos cuatro días en unas jornadas de la "Obra de la Iglesia". A la salida de una de las sesiones que había tratado sobre la vida eterna nos quedamos hablando con uno de los asistentes, que consideraba el Cielo como una inmersión total en la infinitud de Dios. Emi le respondió que él pensaba que no podría ser completamente feliz si iba estar durante la eternidad sin su mujer y sin sus seres queridos. Después hemos hablado de este tema y los dos estábamos de acuerdo en que seguiríamos con nuestra individualidad en la vida eterna, aunque desconozcamos totalmente el sentido de la permanente felicidad. Para terminar este breve recorrido sobre sus vivencias religiosas quiero reflejar lo que me decía un día y que muestra su profunda sencillez religiosa: consideraba que los años que llevaba desde que le detectaron el cáncer terminal eran un regalo de Dios para purgar, por el dolor, sus pecados pasados y lo hizo, sin angustia, con alegría.

IV HASTA PRONTO, AMIGO EMI
Recordarás que antes de irme a Granada en los primeros días de diciembre para pasar la Navidad con mis hijos de allí quedamos que a la vuelta nos veríamos para hablar, recordar y, como siempre, bromear. Pero habrá que atrasarlo hasta que el plan de Dios sobre mí en la tierra haya concluido. Siempre saldrían dos temas, entre otros, Dios y nuestro afecto al mundo vicenciano. Por cierto ¿qué tal Dios? Supongo que como tú lo veías, pero en grande, una realidad infinita de amor. ¿Y nuestro amigo Vicente de Paúl? Quizás te haya pedido que le ayudes en su tarea de lanzar tormentas de caridad sobre la tierra.

Te digo hasta pronto porque desde la estancia que Cristo te haya preparado en la eternidad el presente y el futuro -cualquiera que sea la temporalidad de éste- son para ti como una mota de luz sin materia e, incluso, sin energía.

Cuántas veces hemos bromeado sobre quien sacaba mejores calificaciones en Hortaleza. Reconozco que siempre has ido por delante de mí. Llegaste a Limpias dos meses antes, pues como decías yo había entendido que mi vocación tardía era llegar tarde al Noviciado. Te saliste del seminario antes que yo. Te adelantaste en ser marido, padre y abuelo. Y has llegado antes a la Gran Meta.

En el largo intermedio una arboleda inmensa de días meses, años, como la que rodeaban tu apostólica de Murguía, por donde hemos ido juntos, aunque cada uno con su vida, pero sabiendo que el viento que movía las hojas de los árboles era la brisa de la amistad y que era común aunque la oscuridad de la distancia nos impidiera vernos. Más de una vez, en momentos de angustia he buscado la paz en tu piso de Aluche. Pero no me quiero poner sentimental porque puedes soltarme un "taco" y hacer que los santos se escandalicen o se rían porque tú sabes que los santos son así. Salen por donde menos lo esperas porque ellos miran la vida y los hombres desde su limpia libertad y no lo entendemos porque nuestros parámetros de juicio están llenos de egoísmo y "buenas formas".

Emi, como te decía al principio, dentro de la esperanza en tu inmensa felicidad, me queda la nostalgia de tu ausencia y en ella me uno a la tristeza lacerante de tu mujer, Mar, de tus hijos, Raquel, David Ricardo y Mar (a los que quise desde que nacieron) y a tus "pequeñajos" que cuando miran al cielo de Pozuelo ven desde su inocencia en algunas nubes blancas el rostro optimista de su abuelo.

Desde el recuerdo imborrable, un abrazo