A vuestra consideración
Emiliano Martínez Arriba · Pozuelo de Alarcón · Primavera 2007
Relatos · Pensamientos
Estoy solo en casa. Estoy sentado en mi sillón en la sala de estar. Es una espléndida mañana de pre-primavera. Desde mi sillón puedo ver, a través de la ventana, unas ramas con flores blancas del cerezo que, por mi mano, tengo plantado en el jardín; detrás se ven algunas ramas de dos prunos, que guardan los laterales del cenador, asomarse cuajadas de flores rosas.
Mi esposa, amante, amiga, enfermera, compañera, confidente, ángel de la guarda, se ha ido, como hace un día todas las semanas, a practicar, durante un par de horas, sus ejercicios de taichi, que tan necesarios le son para descargar tensiones. He dicho que estoy solo, pero no es cierto. Tengo conmigo, exactamente sobre mis piernas, a Adrián, mi undécimo nieto, de un año de edad. Esta mañana se levantó con un poco de fiebre y sus padres, que tenían que ir a trabajar, lo han dejado a nuestro cuidado en lugar de llevarlo a la guardería como habitualmente hacen. El niño ha estado durante un tiempo gateando, revolviendo juguetes, pellizcando briznas de la alfombra y llevándoselas a la boca, hasta que pasado un rato se ha acercado a mi sillón y levantando los bracitos me ha pedido que le coja. Le he sentado en mi regazo, e inmediatamente se ha apoyado en mi pecho y en mi brazo y se ha acurrucado con intención de dormir. Como en otras siete u ocho circunstancias similares hice con mis otros nietos y nietas, le he canturreado:
Este niño tiene sueño,
Tiene ganas de dormir,
Tiene un ojito cerrado
Y el otro no puede abrir.
Parece que el niño
Se quiere dormir
Porque los ojitos
No los puede abrir
O también:
Duérmete, niño, que viene el coco
Y se lleva a los niños que duermen poco
Ea, ea, ea
Ea, ea, ea
Que mi chiquitito
Ya no se mea
Con estas y otras canciones-nana, en las que soy experimentado, el niño se ha quedado dormido encima de mí, y aquí estamos, abuelo y nieto, disfrutando de la paz de una casa sin ruidos, con algunos sonidos del jardín, como el arrullo de unas palomas en el tejado vecino, o el piar, que pasa volando, de algún pájaro en persecución de insectos.
Al mirarle dormido encima de mí, me reafirmo en que Dios ha hecho conmigo grandes cosas, porque si no, sería imposible estar aquí sentado con un ángel en brazos.
Vienen los recuerdos
Y en este momento de quietud, se me enciende la maquina del pensamiento, y recuerdo, de pronto, que hace tiempo tenía la intención de escribir atendiendo la sugerencia de alguien en el Boletín de YUCA, que sería interesante conocer la andadura personal, y la evolución en el tiempo y en el pensamiento, tanto religioso como ético y social, de aquellos que compartimos durante unos años aulas y meditación.
Y meditación es este ejercicio. Desde la serenidad que en este momento me embarga, como si me encontrara sentado en lo alto de una peña o en el ribazo de un río, viendo enfrente mi presente, el agua rizándose, en busca del futuro, y yo mirando desde mi atalaya, la quietud del río que queda atrás, el pasado, con el agua tranquila, antes de empezar a despeñarse, con la claridad que supone en un remanso el haber decantado las turbideces que el río arrastraba desde los rápidos anteriores.
Veo mi salida de Hortaleza con dieciocho años. Mi experiencia personal, contrastada con las vivencias de algunos compañeros, con los que he tenido ocasión de cambiar impresiones sobre el particular, me dice que los que abandonamos el seminario después de la adolescencia, tenemos unas especiales marcas de comportamiento y personalidad, debidas a la carencia de contactos con otros muchachos y muchachas criados en ambientes mas abiertos. Nuestra falta de experiencia en el trato con el sexo contrario, nos convierte, por nuestro temor a enfrentarnos a lo desconocido, o nuestra delicadeza en el trato, en elementos raros, dentro de las normas por las que se rigen las relaciones entre chicos y chicas. En mis primeros escarceos con chicas, después de mi salida del seminario, fui abandonado en un par de ocasiones, debido a mi trato demasiado delicado y mi cuidado exquisito en evitar los contactos con la pareja. Mirando desde el punto de vista exterior, no se comprendían estos comportamientos salvo que el sujeto fuera homosexual o estuviera mal de la cabeza.
Mi salida del seminario. ¿Salida por qué causa? Mucha gente diciéndote aquello, “te gustaban mas las chicas, ¿eh?”, pero no, afortunadamente mi formación, con sus luces y sombras, me había convertido en alguien que razonaba y no solo de cintura para abajo. Entonces, de una manera general, mi motivo era que yo quería ser un sacerdote entregado por completo a su ministerio, y veía en mí demasiados lastres que me hubieran desviado de ese objetivo. No me paré a pensar cuales eran mis expectativas al salir del santo refugio, ni con qué me tendría que enfrentar.
Mis circunstancias personales eran preocupantes, mis padres habian muerto y mis hermanos aun no tenían edad ni situación para hacerse cargo de una boca más con todas las gabelas accesorias, como, estudios a completar, preparación para un oficio, trabajo etc.... No había otra opción que empezar a trabajar, casi buscar trabajo antes de salir, para solucionarse el pan de cada día, y el techo donde cobijarse.
Y empecé a trabajar. De estudios ni hablamos. Dentro de la Congregación de la Misión, donde estuve integrado desde los diez años, no existía ninguna estructura que sirviera de apoyo en el proceloso mundo a aquellos desafortunados que por su propia voluntad o por cualquier otra causa abandonaban el camino para pasar a ser quien sabe qué. Podías conseguir los certificados de los cursos realizados, con el fin de convalidar los estudios en el exterior, “al módico precio de 500 Ptas. por curso”. Considerando; a) que la convalidación costaba unas tasas de otras 500 Ptas. curso, total por curso 1.000 Ptas.; b) que yo en aquel tiempo tenia un sueldo mensual de 1.255 Ptas., y c) que los cursos a convalidar eran seis como mínimo, me gustaría conocer al economista que me desvelara como sería posible, obtener los certificados, convalidar el Bachillerato, comer durante los seis meses y luego continuar los estudios superiores pagando las correspondientes tasas, matrículas y demás zarandajas. Así que, archivé mis ansias de continuar estudios como un proyecto para el futuro, y a trabajar.
Inicio de los años de plomo
¿Pero que pasaba entretanto con mi bagaje de religiosidad? No hay que olvidarse que venía casi de dos años de Noviciado en Limpias, ya que mi paso por el estudiantado de Hortaleza había sido solo de seis meses. Mi inquietud religiosa en aquellos primeros tiempos era casi volcánica. Asistencia y colaboración con D. Francisco para levantar una nueva parroquia en un barrio, donde yo vivía, que no tenía ni siquiera un local que le sirviera de capilla. Tuvimos que acondicionar una casa semi-destruida, en el tiempo de la guerra, que nos sirviera para reunir a menos de un centenar de personas en los actos litúrgicos. Yo aun tuve ánimo para crear un coro de chicos y chicas que amenizara los actos religiosos. Con el impulso que traía, me dio para colaborar como rollista en algunos cursillos de cristiandad. Todavía no había empezado a hundirme en los tiempos de plomo. Empecé a salir con una chica del coro, Consuelo, y tres o cuatro de las otras chicas dejaron de venir a cantar, supongo que tendrían muchas ocupaciones en casa que no les permitiría emplear el tiempo en ensayos y canciones. Mi inicio de relación con Consuelo le creó una situación de enfrentamiento con su tía Carmen, con la que vivía, y le puso en el dilema de dejarme o irse a vivir con sus padres en Madrid. Por fortuna para mí escogió irse a Madrid, y para allá que me fui yo. Esto supuso retirarme de la parroquia y de todas las actividades que hasta aquel momento estaba realizando y, como había hecho con los estudios, archivar todos mis proyectos religiosos en el cajón del futuro, con fecha indeterminada. Y desde aquel instante me convertí en un católico como muchos españoles: “Yo creo en Dios, rezo de vez en cuando, pero eso de ir a misa y demás no lo considero necesario”.
Los años de plomo empezaron a pasar. Seis años de noviazgo. Nos casamos. Llega el primer hijo. Cambio de trabajo para mejor. Llega el segundo hijo. Vamos a comprar un pisito. Llega el tercer hijo. Nevera, muebles, el primer coche. Trabajo, trabajo, trabajo..
Algunos días de vacaciones en la playa, de camping, claro, que es mas barato y los chicos están mas a gusto. Fines de semana a pescar llevando a toda la familia.
Los acontecimientos de esos años los recuerdo como “reality shows” de la época. Muerte de Kennedy por televisión. Llegada del hombre a la Luna por televisión. Muerte de Franco con la televisión de testigo. Concilio Vaticano, Constitución Española de 1978, transición del país a la democracia..... Todos estos hitos fueron para mí, como digo, “reality shows”, como si no fueran conmigo.. Se presentaron en medio de mis años de plomo, y yo no tenía entonces tiempo para distraerme en minucias. Mi proyecto era mantener mi familia y mejorar la situación, económica sobre todo. Para conseguir eso, la fórmula era, trabajar, trabajar, y trabajar.
Y cuando todo parecía ir sobre ruedas, la debacle. En 1979 se muere mi esposa Consuelo de un cáncer de mama, y me deja con tres niños de quince, catorce y diez años. Siempre se ha dicho que nadie aprende en cabeza ajena, sin embargo, la experiencia de lo que le pasó a mi padre cuando se quedó viudo con cuatro niños de diez, seis, tres y un año, y se bloqueó o lo bloquearon y fue incapaz de enfrentar la situación, hasta el punto de que fuimos aventados a los cuatro puntos cardinales, que no sé yo como al cabo de los años nos hemos vuelto a unir, me hizo afrontar la situación con tal energía y fiereza que hubo algunos miembros de las dos familias que me retiraron el saludo y el trato. Mi decisión fue que mi familia éramos los niños y yo, y como tal teníamos que vivir. Así estuvimos durante casi un año, pero los hechos me convencieron de que un hombre solo con niños pequeños es un mal gestor de familia, y como se necesitaba una mujer me volví a casar al cabo del año.
El resurgir
Pero todo este terremoto empezó a remover lo que siempre había estado ahí latente. Los proyectos de estudio. Los proyectos de vida cristiana. Llegó el momento de empezar a estudiar, y a los cuarenta años aprobé el ingreso en la Universidad para mayores de 25 años y me matriculé en la Facultad de Económicas. Los cinco años siguientes fueron años de rutina con mas plomo. De casa al trabajo, del trabajo a la Facultad, de la Facultad, ya de noche, a casa... De casa al trabajo, del trabajo a la facultad....... Pero, no obstante, algo empezaba a cambiar. Daba la impresión de que el largo viaje por la noche obscura estaba tocando a su fin y se intuía el reflejo del resplandor del amanecer nuevo.
En ningún momento sentí que me cayera del caballo como Pablo, ni se produjo ningún “Levántate y anda” como Lázaro, pero gradualmente se fue avivando la lamparita escondida de la fe, y me volvieron las ganas de revivir las practicas adjuntas a las creencias que se me habian inculcado desde mi tierna infancia. Si, que se me habian inculcado, porque ¿habrá alguien que pueda asegurar que sus creencias o descreencias, sus escalas de valores, sus rebeldías ante los iconos sociales, etc. no se corresponden con ideas inculcadas por transmisión directa o por otras influencias, y que únicamente una pequeñísima parte corresponde a cosecha propia a través del razonamiento, y aun esa parte con grandes dudas de que no sea impuesta?.
Parece como si el Señor me estuviera esperando a la salida del túnel, y me hubiera recordado que durante todos estos años, a pesar de mi alejamiento, había estado cumpliendo con su plan de creación, y había llegado el momento de reanimar la llama y sacarla de debajo del celemín para que todo el entorno tuviera luz. Es en un momento como este cuando el poeta debió escribir aquellos preciosos versos: “Non omnis moriar, multaque pars mei vitabit Libitinam”. Ya mis pajaritos vuelan solos. Ya he sido liberado de las obligaciones del diario “Ganaras el pan con el sudor de tu frente”, me he convertido, para el mundo del trabajo, en alguien o algo “obsoleto y amortizado”. Ya puedo dedicarme casi por completo a mi higiene mental personal, sin las barreras que te imponen las obligaciones familiares.
Como conclusión estas son mis pautas de comportamiento actuales:
En lo religioso, se ha reavivado mi fe, y mi creencia en Dios y en su dogma se ha convertido en el centro de mi existencia.
En el campo de lo social me considero un ciudadano pleno, con derecho a opinar sin ninguna clase de presiones ni cortapisas acerca de todos los cambios que la sociedad, los gobernantes y legisladores realizan y proponen. Me repugna que para defender las ideas propias se empleen insultos y descalificaciones a los que no opinan como nosotros, en lugar de buscar argumentos positivos.
Como se puede apreciar los años y los nietos me han dado ese punto de ternura que suaviza las aristas del vivir diario, por lo que, con las salvedades que procedan, me considero un hombre tranquilo y feliz.
Y en esta mañana, estoy sentado en el salón de mi casa, con este ángel dormido en brazos, mirando y admirando las flores blancas del cerezo que se quieren colar por mi ventana, viendo mas atrás las flores rosas de los prunos, y vislumbrando al fondo, en lontananza, con los ojos del alma, la tierra prometida.